La Comisión Internacional del 8 de marzo y diferentes colectivos de mujeres y feministas, han vuelto a convocar este año una amplia movilización que tiene previsto un paro general de mujeres en todos los espacios de la vida. Una convocatoria que trasciende fronteras y suma a los 5 continentes.   

Uno de los objetivos centrales de la movilización es llamar la atención frente a todo el trabajo invisible y no remunerado que llevan a cabo las mujeres y exigir su reconocimiento. Por eso, va más allá del paro laboral en el empleo para abarcar el trabajo doméstico, los cuidados, los trabajos asociativos y cooperativos. ¿Qué ocurre si ellas no están?, es la pregunta de fondo.  

La movilización también persigue denunciar las desigualdades, la discriminación y las diversas violencias que sufren a diario las mujeres por el mero hecho de serlo, entre ellas la precariedad, las brechas de género, las violencias machistas y los feminicidios.  

Tampoco se pierden de vista la interseccionalidad y las desigualdades múltiples a las que hacen frente mujeres lesbianas, trans, intersexuales; ni otras desigualdades causadas por matrices de poder que les atraviesan de diferente manera: la edad, la raza, la clase, entre otras.  

Además, es una movilización que busca remover lo más profundo, reclamando un cambio sistémico en todas aquellas estructuras que causan desigualdad y violencia. En este sentido, interpela a los hombres, la sociedad y las instituciones en su conjunto para que asuman su responsabilidad en la transformación del orden patriarcal, racista y capitalista vigente.  

Así, el 8 de marzo, con la huelga feminista, es un día que pone la igualdad de género en el centro de la agenda política, cultural y económica del mundo. Y no es un paro aislado, sino una plataforma para seguir actuando. Porque con sus diferentes áreas de paralización y ejes reivindicativos, la huelga sigue sentando precedentes para lograr una transformación profunda del mundo.

Foto de: Disforia, México.