El 20 y 21 de mayo pasados se celebró en París el Foro de OCDE “World in eMotion” en torno a una apuesta central: la creación de un progreso más inclusivo, sostenible y dignificante donde las políticas se encuentren con las emociones y los sueños de la gente.

En este marco, tuvo lugar la sesión “End of the month, end of the world”, en la que diferentes actores conversaron sobre la urgencia de hacer una transición ecológica rápida y efectiva para sobrevivir. Algunos puntos para resaltar de este encuentro son los siguientes:

  • Uno de los principales desafíos que enfrentan las generaciones actuales es transformar el actual sistema y orden de las cosas drásticamente. En relación con el cambio climático, la población reclama acciones más rápidas y decididas, mientras vemos que sus impactos son reales y no hacen distinción entre países ricos y pobres.
  • El problema no es necesariamente la ausencia de políticas, de hecho, algunas están siendo efectivas. Pero se necesitan ser más rápidos y efectivos y, sobre todo, trabajar tanto a nivel interno de los países como en una cadena global.
  • En un contexto de incertidumbre económica, las clases medias van perdiendo la capacidad de movilidad social que alguna vez se les prometió. Esto, que está vinculado con una cada vez mayor flexibilidad laboral, la irregularidad en los ingresos y la dificultad de mejorar la calidad de vida hacen de la justicia una prioridad y no el medio ambiente.
  • Uno de los asuntos más graves es que en el proceso muchos están siendo dejados atrás (como la clase media trabajadora). Por otro lado, es fundamental reconocer que las élites políticas y económicas no pueden seguir ajenas al problema.
  • Lo anterior muestra que para lograr una transición verde debe haber también una transición justa. Lo cual implica, entre otras cosas, retomar sistemas de bienestar que den seguridad a la gente, que cambien su pesimismo por optimismo, que les hagan creen que el cambio es posible y que por ello vale la pena hacer algunos sacrificios.
  • Y esto implica generar otra forma de política. Evitar la polarización y superar las mutuas desconfianzas porque la solución del problema no la tiene un solo actor o sector y porque entre todos debemos buscar la solución.
  • La transición es costosa económicamente y necesita una alta financiación para invertir en innovación, para introducir otras tecnologías en el ciclo de producción, para formar otras habilidades, para generar las coberturas sociales que requiere y demanda la gente.
  • Dado esto, uno de los planteamientos de fondo es la necesidad de garantizar mayores ingresos a la clase media para que los gobiernos puedan recolectar un “impuesto verde”, así como asegurar sus necesidades de salud, vivienda y educación para liberarlas de la presión económica.  
  • Dado el costo político que esto supone para los gobiernos y, en consecuencia, la dificultad de que tomen medidas en este camino se hace también necesario empujar la financiación de la transición por parte de otros actores y, especialmente, de las élites económicas.
  • Hablamos acá también de un asunto cultural, de un pesimismo profundo frente a una economía que parece no ser predecible ni generadora de bienestar y frente a gobiernos e instituciones que no se cree vayan a actuar de forma efectiva y sin dejar por fuera a la gente común.
  • Por ello, se necesita también una comunicación apropiada que genere empatía y presente soluciones, tanto como una transformación social y económica que permita a las personas sentirse confiadas y cómodas.

Porque tres de los grandes retos que se expusieron en esta conversación tienen que ver con lograr que todos estemos de acuerdo en que el cambio climático es real y es un gran problema; con que estemos dispuestos a hacer algunos cambios y sacrificios para solucionarlo; y en restablecer la confianza en que los gobiernos actuarán de forma efectiva y justa.

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