El agua potable y el saneamiento están reconocidos como derechos humanos fundamentales, ya que son fundamentales para mantener la vida y la dignidad de todos los seres humanos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, además, incluyen metas para afrontar la pobreza, la desigualdad y la discriminación; así como para garantizar el acceso al agua y al saneamiento seguros, y una mejor gestión del agua.

Se trata de asuntos íntimamente relacionados, en tanto la gestión y gobernanza del agua puede contribuir a erradicar las condiciones de precariedad que afectan a muchas personas en el planeta, relacionadas, por ejemplo, con la salud; la seguridad alimentaria y económica; o el empleo. Así mismo, actuar de la mano con poblaciones vulnerables en relación con el acceso y gestión del agua, puede ser transformador de los modelos de desarrollo actualmente dominantes.

La edición 2019 del Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos hace un alto en el camino para examinar cómo se interconectan estas metas qué ha sucedido, hasta la fecha, con su cumplimiento. A continuación se presenta algo de la información allí recogida.

El aumento de la población global y el actual modelo de consumo y de desarrollo socioeconómico, entre otras cosas, han hecho que el uso del agua venga aumentando un 1% anual desde los años 80 del siglo pasado; y se espera que siga aumentando a un ritmo similar hasta 2050. Esto, que tiene que ver con el aumento de la demanda de agua en los sectores industrial y doméstico, significa que habrá un incremento del 20% al 30% en relación con el uso actual.

En el mundo, más de 2.000 millones de personas viven en países con escasez de agua y el doble padecen una grave escasez durante al menos un mes al año; estos niveles seguirán aumentando a medida que se intensifiquen los efectos del cambio climático.

Por otro lado, 3 de cada 10 personas no tienen acceso a agua potable segura; 6 de cada 10 no tienen acceso a servicios de saneamiento seguros; y 1 de cada 9 practica la defecación al aire libre. Pero, más importante que conocer estos datos globales, es reconocer las desigualdades existentes entre y dentro las regiones, países y comunidades.

Por ejemplo, mientras en el África Subsahariana el 24% de la población accede a servicios de agua gestionados de forma segura, en Europa y América del Norte la cifra asciende al 94%. Así mismo, en 2015, de los 159 millones de personas que recolectan agua potable no tratada (directamente de fuentes de agua superficiales), el 58% vivía en el África subsahariana. Finalmente, se estima que si seguimos a este ritmo, para 2050 el 40% de la producción mundial de cereales estará en riesgo, afectando desproporcionalmente a las poblaciones más pobres.

También se espera que los conflictos transnacionales relacionados con el agua aumenten, dado el creciente “estrés hídrico”, en los 286 ríos internacionales y 592 acuíferos que hoy son compartidos por 153 países.

El llamado final del Informe es claro: no es solo que los retos que nos hemos puesto como comunidad global sean difíciles de cumplir por su complejidad; es que tal dificultad radica, principalmente, en una inercia política que ha hecho de la crisis una nueva normalidad. Por ello, es necesario redoblar esfuerzos y modificar los encuadres con los que actuamos porque no vale seguir transitando por un camino que no ha sido suficiente para lograr los cambios que necesitamos.

Ver el Informe completo en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000367304

Foto: Alejandra Muñoz R., Colombia.