Estamos viviendo un momento de cambios globales acelerados, impulsados en gran parte por la denominada Cuarta Revolución Industrial y por un proceso demográfico que permite que hoy, por primera vez en la historia, convivan cinco generaciones. Se trata de un momento único por dos razones: por un lado, porque hoy los cambios son exponenciales y no lineales, lo que traza una distancia de tan solo instantes entre el presente y el futuro; y, por otro lado, porque hoy cualquier persona podría motivar un gran cambio y muchas personas conectadas son capaces de poner en vilo las estructuras más arraigadas. Por ello, vivimos, sin duda alguna, el mejor momento para ser jóvenes; y, por ello, este momento le pertenece, especialmente, a las y los jóvenes.

 

El 25% de la población mundial tiene menos de 25 años y más del 50% tiene menos de 35 años, lo cual muestra cuál es y será su capacidad de incidencia en el rumbo de nuestras sociedades. Sin embargo, esto no es solamente importante por el número que representan, sino, especialmente, porque estas nuevas generaciones tienen una gran fuerza transformadora arraigada en ideas disruptivas, en sensibilidades atadas a problemáticas contemporáneas y en acciones que detonan subversiones del orden establecido. No es de extrañar, en este sentido, que en la última década las y los jóvenes estén disputando con brío los escenarios políticos, bien sea tomándose las calles, reventando las redes sociales o renovando desde abajo las instituciones y los partidos políticos.

 

No podemos equivocarnos, sin embargo, construyendo imágenes homogenizantes que velen la enorme diversidad que caracteriza a las juventudes o que ignoren las profundas desigualdades que marcan sus trayectorias vitales. Al contrario, es importante que enfoquemos siempre la doble cara de la moneda: a quienes cuentan con todas las condiciones para desarrollar su gran potencial transformador y a quienes deben luchar en el día a día por sobrevivir; a quienes quieren cambiar el mundo y a quienes solo desean que sus proyectos de vida sean viables; a quiénes son figuras públicas y a quienes debemos buscar bajo las piedras; a quienes defienden posturas progresistas y a quienes prefieren un ala más conservadora.

 

Estamos viviendo un momento de cambios globales acelerados en el que las y los jóvenes son y deben ser protagonistas, ya que con su fuerza transformadora podemos construir un presente y un futuro a la medida de todas y todos. Pero, para ello, debemos escucharles con atención y despojarnos de los supuestos; actuar con sentido crítico para romper esquemas y crear otros sentidos. Porque los cambios no son importantes por sí mismos, sino por lo que van gestando y haciendo posible, o lo contrario; porque debemos tomar sus riendas para darles una forma más acorde con la igualdad, la sostenibilidad y la libertad.

 

Max Trejo

Secretario General

Organismo Internacional de Juventud – OIJ