El 8 de marzo será un día para reivindicar el cierre de la brecha de género que aún persiste en el sistema económico y la solución de problemáticas que aún definen el empleo femenino: la desigualdad salarial, la precariedad, la concentración femenina en las actividades de menor responsabilidad y cualificación, entre otras. Esto es debido, en gran parte, al estatismo de las relaciones de género que siguen sobrecargando a las mujeres con las responsabilidades domésticas y de cuidado.

Por este motivo, el movimiento feminista ha situado “economía” como uno de los 4 ejes centrales de las movilizaciones convocadas para mañana. El objetivo será visibilizar y reconocer el valor de los trabajos domésticos; pero también reclamar un cambio en los estereotipos y roles de género que siguen asignando tareas y responsabilidades diferenciales a hombres y mujeres. Así, se hace un llamado a superar los obstáculos sociales y culturales que impiden alcanzar la igualdad.

Datos publicados por Naciones Unidas muestran que las mujeres siguen teniendo una carga desproporcionada de trabajo no remunerado, doméstico y de cuidados, que prestan a sus hijas e hijos, personas mayores y enfermas de su entorno. Un trabajo no reconocido, invisible a ojos de la sociedad, pero que es fundamental para el sostenimiento de la vida. Según esta misma fuente, ellas dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas; y entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados.

Estas disparidades en los usos del tiempo pueden explicar por qué las mujeres tienen más dificultades para encontrar un empleo; y sean más propensas a dedicarse a actividades de baja productividad, en sectores informales, en posiciones de menor cualificación y en condiciones de precariedad. El hecho de tener que desempeñarse, simultáneamente, como trabajadoras asalariadas y en trabajos familiares no remunerados, reduce sus oportunidades laborales y da lugar a importantes discriminaciones en el ámbito laboral.

A pesar de que la tasa de mujeres jóvenes matriculadas en universidades supera a la de los hombres (112 por cada 100) a nivel mundial, y de que su tasa de graduación es más alta, las mujeres continúan encontrando más barreras para acceder a los puestos mejor retribuidos y de mayor responsabilidad. Por ejemplo, según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE), tan sólo un 8,8% de los presidentes y presidentas de las empresas del IBEX 35, son mujeres.

Esto lleva a que ellas tengan un menor acceso a los recursos económicos, la propiedad y otro tipo de bienes. Naciones Unidas estima que, en todo el mundo, las mujeres ganan en promedio entre el 60% y el 75% del salario de los hombres. Además, suelen experimentar mayores dificultades para acceder a las instituciones financieras y mecanismos de ahorro formales.

Estas brechas de género se hacen más profundas cuando son atravesadas por otras formas de discriminación relacionadas con el origen racial, étnico, la edad o el nivel económico de las personas. En este sentido, son las mujeres jóvenes racializadas, migrantes, indígenas, quienes tienen mayor riesgo de vivir en situación de pobreza.

La Agenda 2030 constituye un claro compromiso a nivel internacional en el reconocimiento de los trabajos domésticos y de cuidado no remunerados y el empoderamiento económico de las mujeres. Así se muestra específicamente en el ODS 5 (metas 5.1, 5.4, 5.5, 5.6).

A nivel regional, el Tratado Internacional de los Derechos de la Juventud, reconoce en su Protocolo Adicional, la necesidad de promover la igualdad de género en los sectores productivos y en la organización social del cuidado (artículo 4). Además, recoge el derecho al trabajo y protección social en igualdad de condiciones (artículos 26, 27 y 28). Por su parte, el Pacto Iberoamericano de Juventud llama a promover el empoderamiento económico de las mujeres jóvenes y a impulsar su participación y liderazgo en los asuntos públicos y en las estrategias de desarrollo.

En un sentido similar, desde el movimiento feminista se reclama, entre otras cosas: políticas contra la precariedad laboral femenina y las brechas salariales; la transformación de los roles y estereotipos de género, así como un reparto equitativo de las tareas familiares; la revaloración del trabajo doméstico y de cuidados; la garantía de los servicios públicos y de protección social: sanidad, educación, servicios sociales, ayuda a la dependencia y acceso a la vivienda social; el replanteamiento de una economía más sostenible y solidaria que responda a las necesidades de todas y todos.

Así con estos cuatro ejes que articularán las movilizaciones de mañana y que hemos abordado a lo largo de la semana, “violencias”, “cuerpos”, “fronteras” y “economía”, los colectivos de mujeres y feministas pondrán en el centro del debate social y político, la necesidad superar las desigualdades que nos discriminan y nos violentan. Para que todas y todos contribuyamos hacia la transformación de un mundo más justo, solidario y sostenible. ¿Te sumas?

Puedes encontrar esta y más información, aquí:

Empoderamiento económico, ONU Mujeres:

http://www.unwomen.org/es/what-we-do/economic-empowerment/facts-and-figures

Mujeres en altos cargos públicos y privados, INE:

https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925595694&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&param1=PYSDetalle&param3=1259924822888

Mujeres y hombres en la universidad, BM:

https://www.bancomundial.org/

Díptico Comisión 8M:

Foto: Cristóbal Ignacio Marambio Coloma, Chile.