En América Latina, las mujeres han tenido un papel protagónico -aunque no siempre visible -en las diferentes luchas sociales y en los procesos colectivos. Entre ellas, ocupan un lugar muy importante quienes participan en los movimientos socioambientalistas y por la defensa del territorio; sobre todo hoy, cuando los megaproyectos extractivistas mineros, hidrocaburíferos y agroindustriales atraviesan la región y crecen exponencialmente, poniendo en riesgo los derechos de las comunidades.

Entendiendo el territorio como espacio geográfico y biofísico, y también como espacio de vida social y cultural, las mujeres han hecho explícita la vinculación entre colonialismo, capitalismo y patriarcado, visibilizando cómo el extractivismo opera simultáneamente sobre los territorios y los cuerpos de quienes los habitan -en particular de los femeninos-, cosificándolos, violentándolos y apropiándolos al servicio del capital.

Uno de los puntos centrales en este enfoque es lo que algunas llaman la “(re) patriarcalización de los territorios”, haciendo referencia a la instauración de un nuevo orden patriarcal por parte de los proyectos extractivos, que profundiza y actualiza relaciones machistas y desiguales previas. Miriam García-Torres, Eva Vázquez, Delmy Tania Cruz y Manuel Bayón, proponen 5 dimensiones para comprender esta dinámica:

Dimensión política: toma de decisiones masculinizada. Quienes viabilizan los proyectos extractivos, bien sea desde los estados, las empresas o las comunidades, suelen ser hombres. Esto favorece la reconfiguración de espacios masculinizados de decisión, que excluyen a las mujeres.

Dimensión ecológica: ruptura de los ciclos de reproducción de la vida. Las actividades extractivas afectan los ciclos de los ríos, de los suelos, de los animales, de los bosques…; y también deterioran la salud individual y colectiva. Con esto, el rol asignado a las mujeres como gestoras de los recursos naturales y responsables de la reproducción social se acentúa, haciendo de su trabajo gratuito y oculto un punto nodal para el funcionamiento de estos megaproyectos.

Dimensión económica: conformación de estructuras laborales patriarcales. Las dinámicas extractivas reorganizan las economías locales en torno a las empresas, los salarios que estas suministran y el dinero, además de despojar a las comunidades de sus recursos naturales de aprovisionamiento y subsistencia. Este paso de la autosuficiencia a la dependencia tiene un impacto profundo en la división sexual del trabajo, ya que los hombres, quienes son los empleados, son ubicados con mayor fuerza en su rol de proveedores y, en consecuencia, de dominación; mientras que las mujeres, que son excluidas del empleo y de los bienes naturales, pierden autonomía y son resituadas en un lugar de subordinación.

Dimensión cultural: profundización de representaciones y estereotipos sexistas. La llegada masiva de trabajadores varones ajenos a las comunidades, que transforman las formas de ocupación del espacio público, junto con la militarización del territorio, confinan de nuevo a las mujeres al espacio privado y les quita lugares que ellas ya habían ganado. Esto también refuerza los estereotipos de masculinidad hegemónica ligados a la dominación y el control sobre el territorio y las mujeres; mientras da forma a un imaginario de “mala mujer” que se aplica a quienes transgreden la norma.

Dimensión corporal: control social y violencia machista. Lo dicho antes muestra cómo las dinámicas extractivas refuerzan la apropiación de las mujeres y sus cuerpos por parte de los hombres; una apropiación que también se expresa en las prácticas de trata de mujeres con fines de explotación sexual y trabajo sexual –muchas veces forzado–, que acompañan a estos proyectos extractivos y que son útiles para mantener la fuerza de trabajo masculina y, con ello, la acumulación de capital.

Así, las prácticas de los megaproyectos extractivos no solamente tienen impactos sobre los recursos naturales, sino también sobre los cuerpos de quienes habitan los territorios y su vida social y cultural; efectos que adquieren particularidades cuando se trata de las mujeres. Es por ello por lo que, como decíamos al inicio, ellas son protagonistas de las formas de resistencia y lucha que se despliegan en estos escenarios. Resistencia y lucha que muchas veces cuestan la vida.

Según informe de Global Witness, la nuestra es la región más peligrosa para quienes defienden el medio ambiente: en 2017, 207 defensores/as fueron asesinados/as en el mundo; entre ellos/as, el 60% lo fueron en América Latina. La mayoría de estos asesinatos ocurrieron en Brasil, Colombia y México; teniendo en cuenta que en México y Perú el aumento entre 2016 y 2017 fue “significativo”: del 400% y el 300%, respectivamente.

En igual sentido, Front Line Defenders señala en su último informe que, en 2018, el 54% de los 321 asesinatos a líderes y liderezas sociales perpetrados en América Latina ocurrieron en Colombia y México, entre los cuales el 77% corresponden a defensores/as medioambientalistas e indígenas.

Los sectores donde se producen más ataques a quienes defienden los territorios, siguiendo a Global Witness, son la agroindustria, la minería, y las industrias extractivas y madereras; así mismo, quienes los producen, en su orden, son las organizaciones criminales, el ejército, la policía y las organizaciones paramilitares. Esto, en el marco de una impunidad y corrupción generalizadas, que, sumadas a ciertas reformas legislativas y a una criminalización permanente, acentúan y perpetúan los riesgos para estas personas.

Por su parte, el informe de Front Line Defenders enfatiza que la mayor fuente de conflictos entre los pueblos indígenas y los responsables de los megaproyectos es la ausencia de la consulta previa e informada, la cual está regulada internacionalmente por el convenio 169 de la Convención Internacional del Trabajo. Además, el informe recuerda que el Acuerdo de Escazú, firmado el 4 de marzo de 2018 y surgido en el marco de la conferencia Rio +20, es una herramienta importante de protección, en tanto primer tratado vinculante internacional que otorga a los derechos ambientales la misma posición legal de los derechos humanos; a la fecha ha sido firmado por 16 países y para entrar en vigor necesita ser ratificado por 11.

Es importante enfatizar que las defensoras de los territorios viven, además, agresiones y violencias específicas, que suman también a las experimentadas históricamente por las mujeres. Por ejemplo, en relación con los hombres, están más expuestas a la violencia sexual; son asociadas con el imaginario de “mala mujer” que se anotó antes –“mala madre”, “mala esposa”, “puta”, “traidora”-; la investigación de sus asesinatos es tratada de forma distinta, ya que no se las suele reconocer como activistas; y tienen, en consecuencia, mayores obstáculos para el acceso a la justicia.

En este escenario, ganan fuerza las experiencias que reivindican epistemologías otras. Propuestas de conocimiento, subjetividades y modelos económicos diferentes a los hegemónicos que, en contravía de la extracción, el individualismo y la competencia, posicionan los bienes comunes, los derechos colectivos y la reproducción de la vida. Porque, como dice Tania Cruz, integrante del colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, “qué mejor manera de hacer esta reivindicación que, precisamente, desde un paradigma distinto al del individualismo occidental, un paradigma de lo colectivo”.

Y en esto se encuentran feminismos liderados por mujeres indígenas, afro y campesinas y apoyados por mujeres plurales; feminismos decoloniales comprometidos con transformar dinámicas históricas y entrecruzadas de opresión; ecofeminismos que inciden en las conexiones entre la opresión de la naturaleza por la humanidad y la opresión de lo femenino por lo masculino; feminismos comunitarios construidos desde la experiencia en el territorio, que integran el cuidado de la vida con el cuidado de la tierra y lo colectivo; feminismos territoriales que feminizan la comprensión del espacio para mover otras geopolíticas; feminismos autónomos, subalternos o disidentes de las tendencias hegemónicas del feminismo “occidental”.

Feminismos y mujeres que, desde diversos enfoques, insisten en la conexión entre los cuerpos y los territorios; enfrentan con fuerza la exclusión que vienen de afuera y también la interna -en sus casas, en las organizaciones sociales, en sus comunidades-; se encuentran en la apuesta por construir mundos donde otros mundos tengan cabida y donde su derecho a decidir sobre el territorio y sus cuerpos sea garantizado; y nos llamar a mirarnos en relación, norte y sur, para hacer explícita la relación entre lo que sucede aquí y ocurre allá.

Para cerrar, unas palabras de Berta Cáceres, defensora e indígena Lenca asesinada el 3 de marzo de 2016 y cuyo asesinato sigue sin resolver:

“¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal.

El Río Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados. Debemos acudir. La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar.

Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida.

Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus.”

Fuentes:

Discurso de Berta Cáceres la recibir el premio Goldman:
http://www.radiomundial.com.ve/article/discurso-de-berta-c%C3%A1ceres-al-recibir-premio-ambiental-goldman

Entrevista a Tania Cruz y al colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo:
https://www.elsaltodiario.com/extractivismo/mirada-critica-extractivismo-feminismo

Informes:
• Global Witness, 2018:
https://es.scribd.com/document/384595873/Defenders-Report-Layout-AW2-Lowres
• Front Line Defenders, 2018:
https://www.frontlinedefenders.org/sites/default/files/global_analysis_2018.pdf

“(Re) patriarcalización de los territorios. La lucha de las mujeres y los megaproyectos extractivos”, Miriam García-Torres, Eva Vázquez, Delmy Tania Cruz y Manuel Bayón: 2018
https://www.ecologiapolitica.info/?p=10169

Otras reflexiones:
https://movimientom4.org/2019/01/las-mujeres-frente-al-extractivismo-patriarcal-en-america-latina/
https://wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin-wrm/seccion1/resistencias-al-extractivismo-desde-las-mujeres-defensoras-de-los-territorios-en-america-latina/
http://nomadas.ucentral.edu.co/index.php/inicio/2297-violencias-civilizatorias-y-potencias-interculturales-nomadas-45/2-geografias-racializadas-del-destierro/887-feminismos-territoriales-en-america-latina-defensas-de-la-vida-frente-a-los-extractivismos
http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Mujeres-en-defensa-de-territorios.-Reflexiones-Feministas-frente-al-extractivismo
http://www.scielo.org.co/pdf/espo/n53/2462-8433-espo-53-00237.pdf
https://censat.org/es/noticias/el-feminismo-reactiva-la-lucha-contra-el-extractivismo-en-america-latina

Foto: María M. Caire.