La migración es una realidad mundial. Según Naciones Unidas, más de 250 millones de personas son migrantes en el mundo. Si bien la mayoría de las personas son migrantes voluntarios, cerca de 70 millones son migrantes contra su voluntad.

Ante esa realidad indiscutible, Naciones Unidas determinó en el año 2000 conmemorar cada 18 de diciembre el Día Internacional del Migrante. Con ello, los países del mundo buscan dar reconocimiento a las condiciones que afrontan millones de personas en todo el mundo.

En el año 2016, se aprobó un conjunto de medidas que abordan el tema de los desplazamientos y migrantes que conducen a la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes. Esta Declaración de Nueva York, junto a la Agenda 2030 ha permitido la construcción del Pacto Mundial para la Migración que cuenta con 23 objetivos relacionados con las necesidades migratorias.

Pero las personas jóvenes migrantes tienen también su espacio, especialmente por el rostro joven que caracteriza cada vez más al fenómeno migratorio. La promoción del emprendimiento, la educación acompañan al abordaje necesario a las condiciones estructurales que incentivan la migración. Todo ello, sin olvidar las necesarias acciones para fomentar la regularización de las personas que viven en las condiciones de vulnerabilidad propias de la situación irregular en un país.

En OIJ sabemos del potencial que poseen las personas jóvenes. En muchas ocasiones, la decisión de migrar contrae dificultades que impiden aprovechar al máximo las capacidades de cada persona, por no hablar ya de la violación de derechos humanos que supone la situación de irregularidad. Por ello, durante este año hicimos un llamado en las redes sociales para visibilizar el lenguaje hiriente, y cómo las palabras pueden construir un cambio desde lo cotidiano.