Algunos de los desafíos que actualmente enfrenta Iberoamérica tienen que ver con el ejercicio de un poder político alejado de las demandas y realidades ciudadanas y con la pérdida de confianza de las personas hacia sus instituciones políticas. Así, asuntos como la corrupción y la creciente desigualdad van resquebrajando la noción de lo público y poniendo en vilo el principio democrático de gobernar para la mayoría; a la vez que la movilización ciudadana manifiesta, de múltiples formas, su rechazo a una política tradicional asociada al poder de las élites.

Pero como cualquier crisis, esta abre oportunidades. El reto radica en reconocerlas y aprovecharlas en aras de avanzar hacia la pluralidad. Para ello, es importante que las instituciones y quienes están en los cargos políticos de decisión, escuchen con atención las protestas ciudadanas y vinculen en la actuación pública las propuestas que las personas generan. Que se pongan en la tarea de posicionar espacios de conversación y construcción colectiva, reconociendo que los problemas y sus soluciones se afrontan mejor entre múltiples perspectivas.

Porque las personas no solo están mostrando la necesidad de articular voces y esfuerzos diversos de cara a transitar hacia horizontes comunes, sino que están enseñándonos que es posible hacerlo, que sí existen alternativas para relacionarnos de un modo más incluyente, justo e igualitario y que allí donde aún no existen, pues se van creando. Porque estamos aprendiendo, gracias a la fuerza de la movilización ciudadana desplegada en las redes digitales, en las calles o en los entornos cotidianos, la importancia de cogobernar estimulando la colaboración y construyendo comunidad.

Estos aprendizajes, potenciados por las tecnologías y medios digitales, inspiran una manera distinta de entender la gestión pública y la relación Estado-Sociedad, en tanto se reconoce que el primero no puede responder en solitario a los desafíos contemporáneos y que los canales tradicionales de participación y representación son insuficientes para dar cabida al protagonismo en el espacio público que la ciudadanía demanda.

Desde esta perspectiva, las instituciones políticas están llamadas a integrar el saber hacer colectivo en la identificación y solución de problemáticas, adoptando valores más horizontales, abiertos al entorno y con una clara orientación a la innovación. Se trata de crear valor público y comunidad, a través de la colaboración, la experimentación y la cocreación.

Nociones como innovación abierta, apertura de datos, redes sociales digitales o crowdsourcing se van integrando en el vocabulario de la gestión pública, reclamando su traducción en una mayor transparencia, así como en canales de actuación efectivos y reales y en liderazgos políticos comprometidos con transformar las instituciones tradicionales para cogobernar con la gente. Liderazgos de la Generación 2030 que democraticen lo público para impulsar cambios desde abajo.