Algunos de los principales desafíos que enfrenta actualmente la región Iberoamericana tienen que ver con la reconfiguración de los paradigmas que organizan la política, el ejercicio del poder y la gobernanza, en un escenario caracterizado por la crisis, la precariedad y las posibilidades abiertas por el entorno digital. 

En este marco, repensar la democracia se posiciona como una tarea fundamental, en tanto problemáticas como la corrupción, la desigualdad y la depredación medioambiental van resquebrajando la noción de lo público y poniendo en vilo el principio democrático liberal de gobernar para la mayoría. También porque la fuerza de la movilización social sigue ganando potencia, impulsando protestas contra las élites y la política tradicional, a la vez que traza alternativas que enfatizan que otra forma de la política no solo es necesaria, sino también posible.  

A continuación, algunas claves analíticas que aportan al horizonte y densidad de esta conversación.  

“La actitud política más generalizada es el rechazo de la política realmente existente en la actualidad junto con la búsqueda de una nueva politicidadManuel Castells 

 Para Manuel Castells, autor de “Ruptura. La Crisis de la democracia liberal“, la humanidad está viviendo en una crisis profunda, marcada por la confusión, y enfrenta el desafío de salir de ella con creatividad. Sobre todo, dice él, se está viviendo una crisis de la democracia representativa, la cual es, justamente, la fuente de todas los conflictos y contradicciones actuales, en tanto deslegitima la política y muestra la incapacidad de confiar en las instituciones actuales para resolver la crisis posicionando el bien común.  

Esto es posible, según el pensador, porque la clase política tiene el monopolio sobre el poder institucional y crea instrumentos que le permiten perpetuar su posición. Gracias a ello, los poderes públicos se mezclan, la política adquiere un tono personalista y sensacionalista para aparecer en los medios de comunicación y la corrupción se extiende como un fenómeno generalizado. No es de extrañar, entonces, que la mayoría de las y los ciudadanos desconfían de los políticos, los partidos, los gobiernos y las instituciones, debilitando con ellos la capacidad de decisión y la legitimidad de quienes ocupan posiciones de poder.   

En tal escenario, este sociólogo español enfatiza la fuerza transformadora de los movimientos sociales, en tanto agentes de cambio que ponen en cuestión los valores de la sociedad actual, sin pretender ocupar los puestos de poder. Desde allí, plantea que no existe un modelo único de democracia, sino seres humanos que luchan por su dignidad, es decir, por su humanidad, posicionando a la democracia como una defensa de los derechos humanos y no solamente como un sistema de procedimientos. Así las cosas, aun cuando es importante reformular la democracia representativa para enfrentar la crisis actual, en términos de Castells, también lo es impulsar alternativas como la democracia participativa o la democracia digital, entendiendo que las instituciones democráticas (que son las de la dignidad) serán construidas por las personas según sus propias circunstancias de vida. 

 

“Hay que atajar ese sentimiento de impotencia histórica que dice que la política efectiva y duradera no puede ser más que el monopolio de los dominantes”, Pierre Dardot 

 

Por su parte Christian Laval y Pierre Dardot, autores de “Lo común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI“, plantean la importancia de transitar de la democracia representativa a la democracia participativa, lo cual es, según estos autores, el principal desafío de la política de lo común en un mundo en el que los binarios del Siglo XX, como izquierda/derecha, Estado/mercado o público/privado requieren alternativas. Sobre todo, este es el principal desafío ante una movilización social que, desde la resistencia, demanda una racionalidad política alternativa a la racionalidad neoliberal.  

En este marco, lo común es comprendido por Laval y Dardot como aquel principio según el cual la única obligación política procede de la participación y la implicación en una misma actividad y no de una misma pertenencia. Esto es lo que opone, según estos autores, la democracia participativa a la representativa, en la que unos pocos son quienes son autorizados para hablar por la mayoría. Así entendido, lo común incide en la definición de lo público-estatal, en tanto éste ya no tiene el monopolio en la gestión de los servicios públicos. Al contrario, desde esta perspectiva, lo público – no estatal que surge de lo común busca el acceso universal a los servicios mediante la participación directa de los usuarios en su gestión. 

Para estos pensadores franceses, los movimientos sociales actuales son inventivos, creativos y portadores de formas políticas nuevas, además de que demandan e impulsan, en la práctica, la transformación general de la sociedad. Esto es, justamente, lo que les une en sus diferencias. Así, aunque cada experiencia de movilización es particular, lo que las articula es la voluntad de ruptura con un sistema fundamentado en un orden político oligárquico y en los intereses de los grupos económicos dominantes. Sin embargo, desde la perspectiva de Laval y Dardot, no se puede luchar contra el sistema sin inventar, al mismo tiempo, nuevas formas de política. Y esa es, para ellos, el aprendizaje más importante de las luchas contemporáneas.   

“La resistencia no es pasiva sino una existencia activa, y una forma de decirle al otro: no me vas a destruir. Voy a seguir aquí. No me vas a mover. Voy a hacer una demanda política”Judith Butler 

 

Judith Butler, pensadora feminista de referencia y autora de “Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea“, ha concentrado parte de su análisis en los vínculos entre resistencia, precariedad y vulnerabilidad, preguntándose qué vida política se debe construir para lograr una comunidad global basada en el cuidado y el reconocimiento. Desde su perspectiva, la democracia solo puede existir si cuenta con condiciones materiales que eviten la precariedad y se moviliza cuando las personas, desde su vulnerabilidad, las demandan, las exigen.  

Esta comprensión es crucial, desde la mirada de Butler, en un mundo donde la participación, que es la base de la democracia, es puesta en jaque por la privatización de los bienes públicos, la desigualdad económica acelerada y el uso estatal de tácticas autoritarias, en tanto generadores de precariedad. Y requiere, sobre todo, impulsar nuevos marcos de sentido que den cuenta del cambio que esto supone en el espacio de la política. Porque la política tradicional solo es posible cuando la libertad de los seres humanos se encuentra asegurada y sus necesidades básicas satisfechas. Porque la vulnerabilidad potencia en las personas un deseo de manifestarse que puede dar vida a un movimiento de resistencia con potencial revolucionario.  

Así, siguiendo a esta pensadora, los movimientos sociales activan derechos que no son reconocidos o que no se pueden dar por sentado, en un escenario en el que el capitalismo distribuye de manera desigual los bienes y servicios y también la vulnerabilidad, haciendo que algunos grupos estén más expuestos al daño. Son estos grupos los que se movilizan, impulsados por la precariedad, estableciendo alianzas corporales y desafiantes; alianzas que les exponen, que les hacen visibles, que les permiten estar allí reclamando una vida vivible y una democracia radical basada en la igualdad.