Ni las mujeres nacen víctimas, ni los hombres son naturalmente agresores; por ello, es vital comprender las condiciones de posibilidad de las violencias contra las mujeres. Por supuesto, no se trata de una propuesta novedosa; pero sí sigue siendo una propuesta necesaria, mientras éstas no sean erradicadas.

Lo estereotipos y roles que definen cómo debe comportarse cada quien según su género; las prácticas que van reforzando ese consenso social a lo largo de la vida; y la estructura social que legitima una distribución desigual del poder entre géneros, no son algo abstracto y son fundamentos de estas violencias. Acciones que dañan y van anulando a las mujeres, como grupo, en tanto operan como instrumento, materialización y recordatorio de un orden del mundo en el que los que los que ocupan la posición privilegiada de poder, son los hombres.

Así lo siguen imponiendo ciertas acciones cotidianas en las que los varones ofrecen su protección, a costa del sometimiento femenino. Así lo siguen marcando prácticas naturalizadas como el acoso sexual callejero que, según ONU Mujeres, hace que en algunas ciudades el 96% de las mujeres hayan experimentado algún tipo de violencia en el espacio público. Y así lo siguen mostrando los 2.795 feminicidios ocurridos en 2017 en 23 países de América Latina y el Caribe, según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la CEPAL. Violencias que en el imaginario social se les conceden a los varones como parte de su ejercicio “natural” y de las cuales, en muchas ocasiones, se culpabiliza a las mujeres.

El feminismo ha alzado durante mucho tiempo la voz contra las violencias y discriminaciones que viven las mujeres y las ganancias son muchísimas, tanto en derechos y marcos regulatorios como en sensibilización social y empoderamiento de las mujeres. Y hoy nuevos feminismos y formas de expresión feminista, como el movimiento FEMEN, #Metoo o #NiUnaMenos, alzan las voces y usan los medios sociales para revitalizar las demandas con acciones que ponen en evidencia las normas de género y fortalecen la visibilidad de las mujeres y su sororidad global.

Gracias a estas nuevas y amplias movilizaciones, en las que las mujeres jóvenes tienen un papel central, van introduciéndose asuntos la agenda pública que antes eran impensables y que tienen todo que ver con las violencias contra las mujeres, como la prostitución, que para algunos países es una estrategia de desarrollo; la pornografía, que es parte fundamental de la industria del sexo y uno de los dispositivos de socialización masculina; o los vientres de alquiler, que hacen de la reproducción un nuevo negocio. Se tata de asuntos a los que debemos responder de manera específica, sin perder de vista los avances y la experiencia, pero con miradas renovadas y siempre críticas.

Estos nuevos feminismos también resaltan la importancia de lo cotidiano, de lo sutil, de aquello que parece ordinario porque ha sido normalizado. Microviolencias y micromachismos que se siguen reproduciendo en los mecanismos de socialización del género, pasando por debajo y siendo justificados. En este sentido, es revelador el informe “Rompiendo de moldes”, de OXFAM, en el que se muestra, por ejemplo, que el 60% de los varones jóvenes de países de América Latina y el Caribe consideran que deben controlar el tipo de ropa que usa su pareja para salir a la calle; y que el 80% cree que los hombres pueden tener relaciones sexuales con quienes ellos quieran, pero las mujeres no.

Sabemos que nos todas las personas piensan igual y que cada asunto crítico produce movilizaciones a favor y en contra. Finalmente, esto hace parte de la pluralidad. Sin embargo, no podemos permitirnos perder lo ganado en la lucha contra las violencias que afectan a las mujeres y, ante las reacciones que producen los cambios y los movimientos, debemos siempre responder desde los derechos. Por ello, desde OIJ nuestro compromiso con la implementación de la Agenda 2030, la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes y el Pacto Iberoamericano de Juventud, es a prueba de todo y es total.

Aún tenemos mucho por lograr y lo conseguiremos con la fuerza de las jóvenes. #PactoJuventud2030.