Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica, hace una reflexión sobre las dificultades que enfrentan las mujeres que han ocupado las presidencias de los países latinoamericanos. Tras un análisis cuidadoso de los patrones culturales y las políticas públicas que sustentan y confrontan esta dificultad, su mirada de futuro es optimista. La región no tendrá presidentas en 2018, pero es fundamental reconocer el aumento de la participación de las mujeres en los espacios parlamentarios y el protagonismo que tendrán las jóvenes en la política de los próximos años.  

Al respecto, el proceso electoral vivido en Costa Rica en el mes febrero y las elecciones parlamentarias desarrolladas en Colombia el pasado 8 de marzo, ponen en el foco algunos aspectos relevantes para avanzar en la igualdad de género y fortalecer el rol político de las mujeres jóvenes.  

¿Por qué no hubo relevos femeninos en las presidencias que fueron ocupadas por mujeres? 

En los últimos doce años, dice Laura Chinchilla, América Latina tuvo siempre al menos un país gobernado por una mujer. Ella en Costa Rica, Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil. Esto ubicó a América Latina en la vanguardia mundial y mostró a las mujeres que sí es posible ocupar altos cargos de decisión política. Sin embargo, este ciclo, que implicó una inflexión para toda una generación de mujeres jóvenes en la región, finalizó el 11 de marzo cuando Bachelet entregó su cargo.  

Chinchilla señala varias razones para explicar este acontecimiento. En primer lugar, un estándar de valoración social de la gestión de las presidentas que es especialmente drástico, en relación con lo que se le exige a sus homólogos varones; por ejemplo, a ellas se les podía acusar de duras y severas, mientras que a un hombre atravesando por una situación similar se le habría considerado firme y fuerte.  

En segundo lugar, una cobertura sexista de la gestión realizada por parte de los medios de comunicación que prefiere hacer reportajes sobre el vestido usado por las mandatarias que sobre sus discursos y propuestas de fondo; se trata, en este sentido, de una forma de ver la realidad, sustentada en estereotipos de género, que visibiliza a las mujeres desde el terreno de lo doméstico, con atributos emocionales o físicos y personalidades débiles o volubles, como dice la expresidenta.  

Y, finalmente, una opinión pública que hace referencia al “ser mujer” como la explicación básica de cualquier error cometido, como si la totalidad del género fuera responsable de las decisiones de un individuo; así, por ejemplo, en palabras de Chinchilla, en el momento más bajo de aceptación de su gestión presidencial las firmas encuestadoras le preguntaban a la ciudadanía “¿Volvería usted a votar por una mujer?”, mientras que en las crisis desatadas por otros gobernantes varones no se motiva a la gente a pensar si volvería a elegir a un hombre como presidente.  

La participación de las mujeres en los parlamentos 

Pese a lo anterior, la expresidenta de Costa Rica es optimista frente al papel que actualmente tienen las mujeres en el mapa político de la región y plantea que en el futuro su protagonismo, encarnado especialmente en las liderezas más jóvenes, será decisivo. Esto lo argumenta enfatizando el incremento de la representación femenina en los espacios parlamentarios, como en Chile, donde ésta pasó de un 15 a un 23%, o en Costa Rica, donde se incrementó de un 33 a un 43%. De hecho, según datos de la Unión Interparlamentaria, citados por la exgobernadora, América Latina es la segunda región del mundo con mayor participación parlamentaria de mujeres, lo cual tiende a mejorar con las leyes de paridad vigentes en varios países latinoamericanos.  

Para ella, esta participación creciente de las mujeres en altos cargos de decisión política no solamente importante para mantener una ganancia histórica lograda en años de lucha, sino también para impulsar medidas que alienten la igualdad de género en todas las dimensiones de la vida. En este sentido, por ejemplo, Laura Chinchilla señala que en los doce años de gobiernos femeninos que vivió América Latina, Argentina introdujo la figura penal de feminicidio, Chile reguló el aborto, Brasil alcanzó la paridad en los diferentes niveles educativos y Costa Rica disminuyó la tasa de feminicidios en un 70%.  

Por ello, aun cuando las mujeres no ocupen actualmente las presidencias ni lo vayan a hacer en el próximo período (solamente México cuenta actualmente con una candidata presidencial), las nuevas generaciones de mujeres que se están tomando los parlamentos garantizarán, en palabras de Chinchilla, que los logros alcanzados se mantengan y, sobre todo, se profundicen. Además, con esta actualización impulsada por las nuevas generaciones, cada vez más mujeres jóvenes se interesarán por participar en la política y se irán creando las condiciones de posibilidad para que ellas vuelvan a asumir las presidencias de sus países. Finalmente, si ya sucedió una vez, podrá volver a suceder.  

Los aprendizajes de Costa Rica y Colombia

Lo sucedido en los procesos electorales vividos recientemente en  Costa Rica y Colombia deja algunas experiencias que es importante retomar para fortalecer la fuerza política de las mujeres jóvenes en los parlamentos de los países latinoamericanos. Especialmente, la necesidad de aplicar efectivamente las leyes de paridad vigentes o, incluso, de renovarlas, allí donde se considere necesario.  

En el caso de Costa Rica, las elecciones de febrero estuvieron enmarcadas por la paridad de género establecida en el Código Electoral. Según lo manifestado por el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), esto permitió lograr que la representación femenina en la Asamblea Legislativa alcanzara el 31,5%. Sin embargo, tan solo 22 de 100 cabezas de lista fueron ocupadas por mujeres. Por ello, el INAMU hizo un llamado general a la implementación de mecanismos que permitan dar cumplimiento a la norma de paridad y que garanticen efectivamente los derechos políticos de las mujeres.  

En Colombia, por su parte, las elecciones parlamentarias realizadas el pasado 11 de marzo no lograron aumentar la representación de las mujeres en el Congreso de la República, la cual es de 23% en el Senado y de 18% en la Cámara de Representantes. Esto, según el balance hecho por la Mesa de Género de la Cooperación Internacional, ONU Mujeres y PNUD, con el apoyo de la Registraduría Nacional. Por tal razón, las instituciones referidas señalan que es necesario actualizar la Ley de Cuotas para transitar del 30% actual al 50% .  

El mismo informe recuerda que la implementación de acciones afirmativas más radicales ha permitido, por ejemplo, que la participación de las mujeres en la Cámara de Diputados de Bolivia sea del 53% y en el Senado del 47%, que en Argentina ésta sea del 38% y que en México haya alcanzado el 42%.


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