El pasado 8 de marzo cientos de miles de mujeres y miles de hombres salieron a las calles en más de 50 países para alzar la voz por la construcción de otro mundo, de un mundo en el que todas y todos quepamos. No fue solamente un grito por la inclusión y el reconocimiento de las mujeres, lo cual, dicho sea, es fundamental.  

Fue, sobre todo, la conjunción de múltiples luchas y cuerpos exigiendo la fractura de fronteras, de techos y de estructuras que nos impiden ser quiénes queremos ser y que marcan a muchas y a muchos como inadecuados. Se trató, en este sentido, de una jornada que podemos seguir aprovechando para poner en el centro a quienes suelen ser relegados, desde el poder y la lucha de las mujeres.  

Poder y lucha de mujeres diversas. De mujeres jóvenes que acogen en sus demandas aquellas batallas ganadas por sus ancestras y de mujeres mayores dispuestas a entregar el testigo a las nuevas generaciones para que renueven las ideas. De mujeres que unidas, en sus diferencias, están logrando dinamizar, más que ninguna otra fuerza, agendas sociales y políticas. De mujeres que comparten una batalla histórica por la igualdad, la cual se intensifica desde la transgresión, la colaboración y la firmeza instaurada por las y los jóvenes. 

Marielle Franco. Fuerza y legado femenino 

Así lo entendía y lo encarnaba Marielle Franco, mujer, negra y joven brasilera que fue asesinada el 14 de marzo en Río de Janeiro. Consejala izquierdista y activista de derechos humanos cuyas ideas y acciones son un legado que permanecerá vivo en este camino por construir un mundo hecho a la medida de todas y todos.  

Marielle Franco nació y creció en la favela de Maré, un amplio territorio de Río de Janeiro habitado por 140 mil personas, y a lo largo de su vida luchó contra el racismo, el machismo y la violencia. Era socióloga, especialista en Administración Pública y relatora de la comisión creada por la Cámara Municipal creada para informar sobre la intervención militar de las favelas de la ciudad. En 2016 fue la quinta legisladora más votada y era una defensora de la paz y la justicia en un país donde en 2017 hubo 4473 homicidios de mujeres y donde de cada 100 personas asesinadas, 71 son negras.  

El pasado jueves cientos de personas se congregaron en las puertas del cementerio de Cajú, donde Marielle fue enterrada, para despedirla con la fuerza colectiva que ella impulsó a lo largo de su vida y que sigue activa. Así mismo, se desarrollaron varias protestas en diferentes ciudades brasileras, a la vez que organismos internacionales, como la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos y Amnistía Internacional, solicitaron una investigación que esclarezca su muerte.  

Defensa de derechos y movilización ciudadana en América Latina 

En su último informe, Amnistía Internacional señala el alto riesgo que corren las defensoras y defensores de derechos humanos en la región, quienes sufren ataques y amenazas que limitan su activismo a través de la violencia y la represión. Sin embargo, el documento también indica que la movilización ciudadana sigue siendo alta y una de las potencias más importantes con las que contamos para la transformación. Esta es la doble realidad latinoamericana.  

En el actual contexto de marcada polarización que vive nuestra región es fundamental enfatizar que la garantía de los derechos humanos es uno de los principios básicos de las democracias. Así mismo, la posibilidad de la divergencia y de la exposición pública de protestas y propuestas son una puerta para instaurar el diálogo y la construcción de acuerdos sociales en una región que los necesita. Más aún, si tenemos en cuenta lo que se está jugando este año, en términos democráticos, con 8 elecciones presidenciales y otras parlamentarias en lista de espera (entre ellas, la brasilera).  

Es el momento de transformar el estado de las cosas 

“Luto e Luta” (el luto se transforma en lucha) fue una de las frases que pronunciaron las multitudes que despidieron a Marielle Franco en las ciudades brasileras, trazando con ello una ruta a seguir. Una ruta en la que la visibilización de las violencias y la definición de nuevos relatos sociales, en los que las mujeres (negras, faveladas) sean narradoras protagonistas, son asuntos centrales para la región. Seguir adelante, con este horizonte y con la fuerza de quienes movilizan cambios en el día a día, es una forma de celebrar la vida de Marielle.   

Por ello dos semanas después de la jornada histórica del 8 de marzo, escribimos para recordar que la movilización no ha terminado y que desde el OIJ seguimos y seguiremos actuando para cambiar el estado actual de las cosas. Porque queremos un mundo donde las mujeres se sientan tranquilas; donde no falte ninguna; donde cada una pueda realizar su proyecto de vida en libertad y con autonomía; donde sus voces se escuchen con atención y sus acciones marquen la pauta. Este es nuestro compromiso con la creación de una nueva historia para Iberoamérica.


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